Category: Los Cuentos Taberneros

La TabernaLos Cuentos Taberneros

Mi experiencia en una reta de fútbol en Argentina

¿Y VOS CUÁNTAS COPAS MUNDIALES TENÉS?
Últimamente me la he pasado escuchando el álbum “Chances” de los Illya Kuryaki and The Valderramas; pienso que este disco es tan diverso como los demás del grupo, solo que con un sonido mucho más moderno. La primera canción, “Helicópteros” me ha capturado durante estos días, hasta ahora he descubierto la razón. Solo diré que ando volando helicópteros en el jardín, que ando con ganas de un sonido anormal, pero sobre todo que tengo mucho vértigo.
No sé si es el hambre, la comida, la homologación o el desvelo, pero no me logro poner en sintonía con mi alrededor; no pasa diario, no pasa siempre, pero pasa, igual y mala racha loco. Positivo me dicen por ahí. Por otra parte las clases han ido muy bien, otra vez tengo que decir que los profesores me tratan muy bien y que me siento genial aquí; el estilo de las clases, las formas, el proceso, todo me parece muy bueno. Los chicos se me acercan un poco más y parece ser que mi radar amistoso se activa.
Clase de francés de 14 a 18 con la maestra Bearzi, todo agradable dentro de un pequeño grupo de dos personas, de pronto aparece un tercero. Fede llegó tarde y aparentaba saber francés, luego me di cuenta que andábamos igual de chafas. Pasamos la clase viendo temas que se suponía que ya me debía de saber, y sí, todo en orden, sin dificultades. En el recreo fui a probar la maquinita de café, inserté los billetitos de a $2.00 y degusté de un capuchino, la verdad por puro ocio, ni siquiera tenía ganas.
Antes de que se acabara el medio tiempo, Fede se presentó conmigo y comenzamos a tener una charla normal hasta que el tema fútbol salió, de ahí no paramos más en el poco tiempo que estuvimos. Acordamos ir a jugar fútbol a las 10:00 pm, el pasaría por mi y me dejaría de vuelta en casa acabando el partido. Algo que tenía muchas ganas de vivir era poder tener una cascarita en otro país, Brasil o Argentina principalmente y sentir en carne propia como se vive el fútbol desde adentro; esto llegó antes de que me lo esperara.
Llegó la noche, salí con inseguridad de casa y previamente avisé a Betito donde iba a estar, con quien y a que lugar iba; me he vuelto un poquito desconfiado con las personas desde que llegué aquí, es normal, soy extranjero, no conozco muchas cosas del lugar; Buenos Aires es hermoso, pero eso no quiere decir que no pueda ser peligroso.

Fede esperaba afuera de la casa, nos saludamos y caminamos unos 2 kilómetros hasta llegar a las canchas. Llegamos a un establecimiento de tres canchas de fútbol rápido, muy parecido a lo que podríamos encontrar en México, solo que aquí es de ley que al lado de los vestidores haya parrillas para preparar el asado terminando el partido; ¡buenísimo che!.

Conforme llegaban los demás integrantes del equipo de Fede, yo comenzaba a ponerme cada vez más nervioso, y es que me considero un jugador de talla media que deja todo en la cancha, a pesar de mis debilidades técnicas, tengo ganas y sobre todo ‘huevos’, lo que pasa es que llevaba más de dos meses sin pararme en una cancha.
Besito por aquí, saludo por allá, agua para el nervio y un short del cuestionado River Plate para comenzar a calentar con los demás. Hacía mucho frío y ya hora de comenzar a patear la bola, pero no importa, tenía que rifármela, iba a ocupar plaza de extranjero en el equipo.
Pitazo inicial y la pelota comenzó a rodar en la alfombra. Sin coordinación, nervioso, friolento, desubicado y con poco movimiento; así mi debut en canchas argentinas. Toqué la pelota dos veces y uno de ellos fue un disparo a puerta que pasó desviado; eso y nada más, nos metieron dos goles y quedamos fuera de la primera reta.
Segunda entrada y pasó lo mismo que en la primera, siendo sinceros fue peor. El juego argentino, como lo imaginaba, es muy rudo, muy físico, sin tanto encare, pesado e intenso, es decir, se mete la pierna fuerte y el hacha se siente mucho más filosa para los robles como yo. Esta vez no toqué un carajo el balón y salí con la cabeza abajo cuando nos volvieron a eliminar. Krusty y los demás me preguntaban si había calentado bien, que debía meter la pierna y dejar todo en cada jugada. Aquí se recrimina cada error, cada jugada y también se celebra cada acierto.
Exigieron que me quitara la sudadera para jugar y creo que fue lo mejor que pudo haber pasado; traía la verde del 2014 puesta. Mike y Betito dicen que hay que portar los colores de la camiseta con orgullo para dar ese plus en un partido. Me preguntaron si era mexicano, a lo que asentí. Previo al inicio de la tercera entrada, me hicieron la clásica pregunta fanfarrona sudamericana que tanto circula en las redes sociales…. “¿Y vos cuántas copas mundiales tenés?” -¿Cómo? … – “¿México cuántas copas mundiales tiene?” … -Tenemos dos sub 17. Todos se rieron y dijeron que si México no había ganado una copa del mundial es porque sus jugadores no dejan todo en la cancha, no sufren en cada jugada ni se la parten a la hora de entrar a luchar por el balón, así que tenía que jugar como se juega en Argentina para que las cosas no salieran tan mal.

Dio inicio la tercera entrada y al poco tiempo de marcar me comí un pelotazo directo a la cara, de esos que te tienen que tumbar y hacer que salgas del campo; a mi no me tumbó pero si me hizo llorar, el golpe fue directo a la nariz. El arquero notó mi desequilibrio y me preguntó si me encontraba bien, a lo que hice caso omiso. “Ya we, si no te tiró el balonazo ya métele huevos”, le dije a Paco.

Mi tercera parte fue considerablemente mejor a las anteriores, jugué a mi nivel, mi nivel medio. Corté tres entradas, dos disparos a puerta y una oportunidad clara de gol que fallé. No importa, mi mejoría se notó, en gran parte por sacar a relucir la verde y portarla con orgullo, como debe de ser. Admito que me sentí muy motivado por jugar con la playera de mi selección y sobre todo alentado por los compañeros de la banca que gritaban “chicha”, “chicharito”, y mi más reciente apodo, “chapo”, “chapito, pasála chapito, cubrí aquel”. Al final perdimos otra vez, pero me recalcaron bien que debí haberme quitado la sudadera desde el primer tiempo.
Terminando el partido, fuimos a compartir el asado y los choripanes mientras se hablaba un argentino super coloquial en la reunión; este fue el primer día que apenas y entendí la mitad de las cosas a las que se referían. Conversamos acerca de las dolorosas eliminaciones argentinas del 2006 y 2010 y de la actual situación de la albiceleste.
Tuve una grata experiencia, era lo que esperaba sinceramente y espero volver constantemente para mantenerme activo físicamente. Si bien no me voy a tirar las tijeras ni los tacones, si puedo sacar la casta como siempre. Jugar con personas de otro país a la pelota es sensacional, y si es en Argentina, es mucho mejor. La pasión aquí se vive en cada pase, las mentadas son eternas, pero las celebraciones por un gol son tan efusivas como levantar una copa. VAMO’ A GANAR CHE!
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