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La venganza es poesía

Una de las mayores rivalidades futbolísticas la tenemos entre Alemania y Holanda. Esta rivalidad nació en el marco en la final de la Copa del Mundo de 1974, misma que se disputo en Alemania Occidental. En la final entre Holanda y Alemania Federal, los locales se impusieron ante los neerlandeses con un marcador de 1-2; el único gol del visitante fue por la vía penal y paso a ser durante mucho tiempo el gol más rápido en una Copa del Mundo. Curiosamente, Alemania Federal perdió solo un encuentro durante aquella justa, y fue ante su similar de Alemania Democrática.

 Desde ese entonces cada vez que juegan ambos equipos, el mundo entero los observa. Pasaron 14 años para que los holandeses pudieran cobrar venganza en un juego oficial de la FIFA, siendo en esta ocasión en la semifinal de la Eurocopa 1988, que nuevamente se disputo en suelo teutón. Era el 21 de junio de 1988, la 8 de noche en el Volkparkstadium de Hamburgo y con localidades prácticamente agotadas, más de 60 mil almas en las gradas.

 No era cualquier Alemania, era la Alemania Federal de Lothar Matheus, Völler y Klinsmann, dirigida por el mismísimo Franz Beckenbauer desde el banquillo. Pero esta tampoco era cualquier Holanda, era la Holanda de Van Basten, Rijkaard y Gullit, todos dirigidos por Rinus Michels. Antes de este enfrentamiento, Holanda había perdido dos veces y empatado una vez ante los alemanes. Decían las malas lenguas a que los holandeses, se llenaban de pavor al saber que enfrentarían al cuadro teutón.

 Beckenbauer puso a su defensor Ulrich Borowka, a marcar de cerca a Ruud Gullit, quien a pesar de ello, tuvo un excelente partido, pero para su suerte el agente definitorio de las jugadas importantes fue Van Basten; fue un partido intenso de inicio a fin. En una jugada que llevaba peligro, Klinsman se quitó a un marcador pero quedó entre 5 defensores y con sus dos compañeros marcados, entonces Rijkaard lo asalta por atrás y regala un penal. Algún holandés molesto lanza la pelota contra el árbitro cuando marca la pena máxima, pero no pareció importarle.

 Matthäus coloca la pelota en la mancha, toma distancia, se encarrera y golpea con potencia el balón, Breukelen adivina bien que el balón va para su izquierda y alcanza a tocarlo pero nada puede hacer pues la bola no sólo lleva colocación sino potencia. Era el minuto 55’ y parecía que la maldición se volvía a cumplir, a pesar de que Holanda fue amo y señor en todo el segundo tiempo.

 Pero cuando todo parecía repetirse, apareció un pelotazo detrás de media cancha que recibe Marco van Basten, marcado por dos fieros defensores alemanes, trata de pasar a ambos, llega al área grande la portería y lo barre Kohler, cae y el réferi marca la pena máxima. Vendría a cobrar el penal el cañonero Ronniee Koeman. Se encarrera desde afuera del área y engaña al portero que se tira a su izquierda. Logra la igualada en el 74’. Aún había tiempo y cualquiera podía anotar.

 Cuando ya olía a tiempos extra, vendría otra jugada más… una jugada que en tres segundos definiría el partido. El medio campista Jan Wouters recibe el balón, observa el movimiento de su compañero, y lanza pelotazo rasante cerca de la portería rival. El balón era casi inalcanzable pero justo, Kohler y van Basten se barren juntos pero el holandés sobrepasa a Jürgen y logra colocar el balón a la derecha de la portería del guardameta Eike Immel. Este gol mataba las esperanzas alemanas. Era el minuto 88’ y Alemania estaba fuera. Pasaría Holanda a disputar la final contra la Unión Soviética a quien también vencería. Para colocarse campeona de la Euro 1988, el único título oficial en selección mayor que poseen en su vitrinas.

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Escritor, traductor e historiador. ¡El Peluca sabeee!

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