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El Partido del Siglo: Hungría vs Uruguay

Corría el lejano año de 1954, en Europa, para ser precisos en Suiza, se llevaba a cabo el mundial de fútbol, 16 equipos asistieron a esta justa futbolística con el fin de alcanzar el máximo logro en lo que respecta al fútbol asociación, la Copa Jules Rimet.

Dos selecciones llegaban como favoritas a este mundial: Por un lado la poderosa escuadra de Uruguay, quien arribaba al evento presumiendo el “maracanazo” (y siendo dos veces campeona del mundo) e invicta en mundiales, pues no conocían la derrota en esta competición. Por el otro lado llegaba la revelación europea, el equipo Húngaro, comandado por Ferenc Puskas y Sandor Kocsis, quienes traían  una racha acumulada de 33 partidos sin perder.

Ambos equipos lograron derrotar a sus rivales sin tanta dificultad en la justa mundialista, Uruguay en la fase de grupos derrotaba por marcador de dos goles a cero a Checoslovaquia y goleaba a una débil Escocia a quien no le tuvo piedad y le metió 7 goles sin recibir ninguno.

Para el partido de cuartos de final los uruguayos tuvieron enfrente a la escuadra de la rosa, la selección inglesa, a quienes se impusieron por marcador de cuatro goles a dos, duelo que a la postre les resultó caro, pues el mejor jugador de la escuadra charrúa, el capitán Obdulio Varela, se lesionó al festejar un gol, lo que al final significó su último encuentro con la escuadra charrúa en aquel mundial.

Mientras todo esto sucedía en aquella llave, la selección húngara acaparaba todas las portadas de los diarios de ese entonces, incluso quienes vieron jugar a los húngaros mencionaban que nunca habían visto una maquinaria de fútbol tan perfecta como la de ese seleccionado, quienes en fase de grupos se mostraron arrolladores al vencer por nueve a cero a Corea del Sur, ocho a tres a la escuadra de Alemania Federal, mientras que en cuartos de final dieron cuenta de los brasileños por marcador de cuatro goles por dos.

Sin embargo, no todo fue miel sobre hojuelas para los europeos, pues uno de los mayores referentes húngaros, Ferenc Puskas también se lesionó y se perdió el partido de semifinales ante la escuadra uruguaya.

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Llegó el día en el que las dos poderosas selecciones se enfrentarían, el reloj marcaba las 18:00 horas de aquel 30 de junio de 1954 en el Estadio Stade de La Pontaise, en Lausana, Suiza, cuando el árbitro central, Benjamin Griffiths dio el silbatazo inicial que desató una contienda que hasta la fecha sigue erizando la piel de quienes recuerdan o reviven ese encuentro con las crónicas que se encuentran por la web.

Corría apenas el minuto 14 del primer tiempo, cuando Czibor, un extremo veloz y endiablado al que costaba tomar en marca, adelantaba a la escuadra húngara, quien mostraba esa calidad que desarrolló durante toda la competición y que maniató por completo a los uruguayos, que no sabían que hacer para frenar esos ataques. Tras lograr el primer tanto la escuadra húngara continuaba insistiendo con enormes jugadas, fue en ese instante donde se agigantaron las figuras en la defensa y mediocampo charrúa, por medio de Rodríguez Andrade y William Martínez, logrando así equilibrar un poco el trámite del encuentro.

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Poco a poco los uruguayos fueron tomando confianza y comenzaron a hilvanar jugadas, “Pepe” Schiafino y Javier Ambrois generaban posibilidades pero ni Souto  ni Hoohberg lograban concretarlas y el tiempo seguía su curso sin detenerse. Corría el minuto 46 de tiempo corrido cuando Hidegkuti conectó un estupendo centro con la cabeza, marcando el segundo tanto de la tarde, contando con la complicidad de un estático Roque Gastón Máspoli  quien sólo atinó a mirar cómo el esférico se anidaba en sus redes, ampliando la ventaja húngara.

Esta segunda anotación cayó como balde de agua helada en los uruguayos, quienes no sabían  cómo  reaccionar ante lo que estaba pasando, la casi perfección de los húngaros contrastaba ya en ese momento con el descontrol charrúa, quienes siguieron insistiendo por medio de Hohberg, quien tuvo la oportunidad de marcar en un par de ocasiones, pero sus disparos no conseguían  a ir a portería.

A pesar de que Hungría dominaba en el partido, los últimos 25 minutos fueron intensos, pues los uruguayos se volcaron con todo al ataque y apareció la “magia” de “Pepe” Schiaffino, quien en una jugada armada con Ambrois, le sirve el balón en bandeja de plata a Hohberg, quien mecía las redes húngaras y acercaba al equipo charrúa a falta de 15 minutos para que el partido concluyera.

Los húngaros al ver el poderío y la garra que mostraban los uruguayos en el cierre del partido, se volcaron a defender con 7 jugadores, mientras en las gradas los aficionados se volcaron en apoyo hacia los sudamericanos, los minutos transcurrían de forma agónica, parecía una eternidad para los húngaros mientras que para los charrúas parecían diluirse como agua entre las manos; todo indicaba que no habría más, pero de nueva cuenta apareció el talento de Schiaffino, quien eludió a un par de defensas quién cede el balón a Hohberg, quien magistralmente esquiva al guardameta Grosycs y dispara potente y arriba para mandar el balón a las redes al minuto 87, haciendo inútil el cierre de los defensas que buscaban a toda costa evitar el tanto del empate.

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PARA LA POSTERIDAD

Mientras el estadio estallaba en júbilo por el empate charrúa, fue tal la emoción por el tanto conseguido por Juan Hohberg, quién  cayó “fulminado” al piso, en una imagen nunca antes vista, los médicos le daban masajes en el pecho y coramina oral, pues había sufrido un paro cardiaco, “falleciendo” unos cuantos segundos cuando se encontraba en plena celebración, convirtiéndose esta escena en una de las más sobrecogedoras  imágenes de la historia de la copa del mundo.

A TIEMPOS EXTRAS

Después de conseguir el empate y de todo el drama por lo acontecido en el gol del empate charrúa, el partido culminó en su tiempo reglamentario, por lo que se avecinaban 30 minutos más de emociones en tiempos extras, donde Hohberg regresó al terreno de juego, pues en ese entonces, los cambios no eran permitidos. Con el empuje y ánimos renovados por la consecución del empate, los uruguayos salieron volcados al ataque buscando hacer el tercer gol que les abriera la puerta a la final, pero muchas veces el futbol se vuelve injusto como la vida, pues comenzando la prórroga, Schaffino estrella dos balones en el poste, que pudieron significar la ventaja charrúa, pero simplemente el balón no quiso entrar.

Nadie en el estadio se movía de sus lugares, el partido era de emociones in extremis; y sucedió algo que cambió el rumbo del encuentro, producto del gran desgaste por la batalla, el estandarte de la defensa uruguaya, El “negro” Rodríguez Andrade, tuvo que salir unos minutos del encuentro por lesión, la baja del mejor defensivo uruguayo fue aprovechada por Sandor Kocsis, quien ganó un par de balones en el área y fulminó al meta charrúa para poner en dos minutos, cifras definitivas al encuentro, 4-2, culminando con ello lo que a la postre la prensa especializada nombrara como “EL PARTIDO DEL SIGLO”.

El técnico húngaro, Gyula Mandi confesó al finalizar el encuentro: “Hemos derrotado no solo al mejor equipo de este mundial sino al que jamás nos haya enfrentado”.

Posteriormente los húngaros se enfrentaron en la final a la escuadra alemana, cayendo por marcador de 3-2, pese a comenzar ganando 2-0 el encuentro, la mayoría de los espectadores de ese entonces señalaron que los húngaros pagaron carísimo el desgaste en el partido contra los uruguayos, pero eso, es otra historia.

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Futboloreo al 100%, amante de la pesca, arquero pura sangre, fiel seguidor del mejor equipo del mundo: LOS RAYOS DEL NECAXA.

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